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¡ADVERTENCIA - INFIERNO!
“Yo, hermana Faustina, estuve por orden de Dios en el abismo del infierno, para dar testimonio de que existe…”
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A finales de octubre de 1936, la hermana Faustina tuvo que descender al infierno, al lugar del horror, para dar noticia de él. En su diario, escribe:
Association of Marian Helpers USA: Tel.: 001-800-462-7426
Diario, la Divina Misericordia en Mi Alma / Pedido:
espanol@marian.org rgonzalez@santafaustina.org
“Hoy fui llevada por un ángel al abismo del infierno. Es un lugar de grandes tormentos. Su extensión es terriblemente grande. Las formas de tormento que vi, son las siguientes. El primer tormento, que es el que constituye el infierno, es la pérdida de Dios. El segundo, el constante remordimiento de conciencia. El tercero, que ese destino nunca cambiará. El cuarto es el fuego, que consume el alma sin destruirla; éste es un tormento terrible, es un fuego encendido por la Cólera de Dios. El quinto es la permanente tiniebla y un intensísimo hedor; aunque está oscuro, el diablo y las almas condenadas se ven mutuamente; ven todo el mal de los otros y el suyo propio. El sexto es la persistente compañía de Satanás. El séptimo es la inmensa desesperación, el odio contra Dios, las blasfemias, maldiciones e insultos. Son tormentos que padecen todos los condenados juntos, pero aún no es lo último. Hay además particulares tormentos de los sentidos. Con lo que cada alma ha pecado será ella atormentada de una manera terrible e indescriptible. Hay horribles cavernas y abismos de penalidades, en los que unos tormentos se distinguen de otros.
A la vista de este horrible suplicio me hubiese muerto, si Dios no me hubiera sostenido. El pecador ha de saber que en el órgano sensible con el que pecó será atormentado por toda la eternidad. Escribo esto por mandato de Dios, para que nadie se pueda excusar diciendo que no hay infierno, o que allí no hay nadie, o que no se sabe cómo es.
Yo, Hermana Faustina, estuve por orden de Dios en el abismo del infierno, para atestiguar que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de ello, pues por orden de Dios debo dejar esto por escrito. Los diablos me tenían gran odio, pero por orden de Dios me debieron obedecer. Lo que he dejado escrito es una débil sombra de las cosas que vi. Una cosa pude observar, allí están mayormente las almas que no creyeron en el infierno.
Cuando volví en mí, no podía reponerme de la impresión de cómo padecen allí las almas. Por eso ahora rezo aún más fervientemente por la conversión de los pecadores. Sin cesar clamo a la Misericordia de Dios por ellos”.
“Por un instante”, así escribe el 9 de febrero de 1937, “el Señor me mostró los pecados cometidos hoy. He perdido el conocimiento del susto. Aunque conozco la inmensidad de la Misericordia, me asombre sin embargo de que Dios permitiera al mundo seguir viviendo. Después me dio a entender que los elegidos constituyen el contrapeso. Cuando su número se cumpla vendrá el fin del mundo.....”.
“Hija mía, habla a todo el mundo de mi inmensa Misericordia. Deseo que la fiesta de la Divina Misericordia se convierta en el refugio de todas las almas, pero especialmente de todos los pecadores. En ese día se derramará la gran medida de mi Misericordia. Verteré todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen a esta fuente. Quien se confiese y comulgue en ese día, conseguirá la completa rebaja de sus pecados y castigos. Nadie debe tener miedo de venir a Mí, aun cuando sus pecados fueran losmás reprochables. Deseo que se celebre en el primer domingo después de Pascua”.
“Jesus me mandó escribir una Novena (nueve días de oración) y rezarla durante los nueve días anteriores a la fiesta de la misericordia. Ha de comenzarse el Viernes Santo”.
Comienzo de la Novena a la Divina Misericordia:
Viernes Santo (primer dia 02.04.2010)
Día de la cancelación de todos los pecados y castigos por ellos:
domingo después de Pascua, confesión y comunión (11.04.2010)
“Incluso el pecador más endurecido que la rece una vez obtendrá muchas gracias de mi infinita Misericordia”.
“A pesar de mi amarga Pasión se pierden almas. Les doy el último ancla de salvación: la fiesta de mi Misericordia. Si no alaban mi Misericordia, se perderán para toda la eternidad”.
Revelaciones de Jesús a la Hermana
Faustina Kowalska
Anotaciones del diario de Sor Faustina (* 1905 - † 1938), escritas por encargo
de su confesor, el Prof. Michael Sopocko
Jesús:“Anuncia al mundo mi grande e infinita Misericordia. Prepara al mundo para mi segunda venida. Antes de que venga como Juez, abriré de par en par las puertas de mi Misericordia.
Las llamas de mi Misericordia me consumen: me siento urgido a derramarla sobre las almas.
De todas mis llagas, pero especialmente de mi Corazón, fluyen torrentes de amor.
Para castigar tengo toda la eternidad, ahora alargo aún el tiempo de mi Misericordia. Sólo castigo cuando se me obliga. Quiero que los pecadores vengan a mí sin temor. Los pecadores más grandes tienen un derecho muy especial a mi Misericordia. Me alegro cuando encuentran refugio en mi Misericordia. Les lleno con amor más allá de lo que esperan...
Por ellos he venido a este mundo; por ellos he derramado mi sangre. No puedo castigar a quien se acoge a mi Misericordia.
Ningún pecado, aunque fuera un abismo de maldad, podrá agotar mi Misericordia; pues cuanto más se da, más abundantemente fluye.
Aunque sus crímenes fueran negros como la noche, el pecador que se refugie en mi Misericordia me glorificará y honrará mi Pasión. En la hora de su muerte Yo mismo le defenderé como a mi Honor.
El pecador más grande desarma mi Cólera cuando apela a mi Compasión. Yo le justificaré por mi inmensa e infinita Misericordia.
Yo soy Santo, y el pecado más pequeño es para mí una abominación, pero cuando el pecador se arrepiente mi Compasión no tiene límite. Le persigo con mi Misericordia por todos sus caminos. Si vuelve a Mí, olvido toda amargura y me alegro de su vuelta. Diles que no dejo de esperarles: ausculto sus corazones, para recoger el menor latido que me valga. Les persigo con remordimientos de conciencia y con pruebas, con tempestad y rayos, con la llamada de la Iglesia: pero si rechazan todas mis gracias, les abandono a sí mismos y les doy incluso lo que se desean.
Quien no quiera entrar por la puerta de mi Misericordia, deberá comparecer ante mi Justicia.
Me alegro cuando se me pide mucho; pues eso me urge a dar mucho, cada vez más y más. Los corazones mezquinos que piden poco me entristecen.
Proclama, hija mía, que Yo soy todo Amor y Compasión: todo el que se acerca a Mí con confianza recibe mi gracia con tal abundancia que no es capaz de contenerla, y la irradiará también en otras personas.
Cuando una persona alaba mi Bondad, tiembla Satanás y huye hasta el infierno más profundo.
Di a los sacerdotes que se esfuerzan en hacerse apóstoles de mi Misericordia, que presto a sus palabras una irresistible fuerza y convicción, y toco los corazones de aquellos a los que se dirigen.
Nada me hiere tanto que la falta de confianza de un alma consagrada a Dios: su infidelidad taladra mi corazón. ¡Los pecados de la duda en mi Bondad me afectan de la manera más cruel! ¡Al menos creed en mi llagas!
Las almas, en el mundo y en el convento, que me aman sin reservas, alegran mi Corazón, y la mirada de mi Padre reposa sobre ellas con complacencia. Son ellas las que ponen un dique a la Justicia y abren las esclusas de la Misericordia. El amor de estas almas sostiene incluso el mundo”.
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